Centre Obert d'Arquitectura de Barcelona

2019

Para que el edificio del COAC llegue a ser el Centre Obert d’Arquitectura de Barcelona, en tanto punto de encuentro abierto a la ciudadanía, se propone abrir todos aquellos espacios que tengan especial visibilidad.

La topografía propuesta busca la continuidad del espacio público como soporte apropiable y fácilmente ocupable por el ciudadano. Desde este Ágora, la visibilidad de la exposición del altillo, tal vez anunciada en el COAC Talks, lleva al visitante a iniciar el recorrido ascendente y secuencial por los espacios comunes del COAC, encadenando y relacionando discursos y programación del mismo modo que se interconecta el espacio físico.

Una promenade que en el edificio original culminaba en la sala de actos y que esta propuesta alarga hasta la segunda planta y la terraza, destinadas a eventos culturales. Los eventos, como experiencias únicas e irrepetibles, con un alto nivel de contacto personal e interacción, estimulan la expectación, la curiosidad y las emociones, imprescindibles para conectar con a la ciudadanía y el imaginario colectivo.La Sala d’actes i Espai Picasso, dos nombres para dos espacios en la actualidad de atmósferas distintas, se conciben como un único espacio polivalente cuya materialidad y cromatismo sean armónicos con los murales de Picasso. A través de elementos textiles y móviles se ofrece la versatilidad del nuevo Espai Picasso, permitiendo diferente aforo de actos y flexibilidad de uso, de manera que puede funcionar como un único ámbito o dos de superficie variable.

La sección actual del forjado que cubre este espacio tiene dos niveles, uno más bajo que corresponde con la cubierta del zócalo del edificio y otro más alto que coincide con la proyección del bloque que flota sobre el basamento. Se propone eliminar los falsos techos y plantear un cielorraso a la cota inferior original que unifica el espacio, si bien su materialidad porosa de deployé actuará como un velo que permitirá ver la construcción desnuda y reconocer el espacio original. Así, en lugar de un falso techo que oculta las instalaciones y la técnica constructiva de la época, la nueva piel registrable, que aumenta la funcionalidad de la sala como soporte de exposiciones, se percibirá como un espesor que filtra y matiza la luz natural y artificial e integra las instalaciones vistas, generando una nueva atmósfera cuyo carácter gravita alrededor de los murales, a la vez que garantiza la flexibilidad de uso. Dicho espesor se extiende a las paredes generando una cámara que inscribe instalaciones de clima para lograr una envolvente continua. Esta envolvente porosa permite disponer un aislamiento proyectado sobre el forjado y lana de roca en fachada que garantice el confort  térmico y acústico de la sala.

La planeidad del  techo permite incorporar discretos railes para las cortinas cuyo trazado se ordena respetando las crujías estructurales y los lucernarios originales. 
En el proyecto original la segunda planta se ocupaba con la biblioteca, de manera que el acceso a la cubierta era de mantenimiento. Al incluir esta planta en el ámbito de reflexión de las bases del concurso, cabe replantear el actual uso administrativo, dado la relación de este nivel con la cubierta como potencial terraza. Su estratégica situación, a modo de balcón sobre la Plaça Nova, le otorga una visibilidad que cabe explorar con el objetivo de abrir el COAC a la ciudadanía y polarizar el recorrido público que arranca desde el Ágora. Nos imaginamos este espacio vacío, capaz de ser reprogramable, desde acoger seminarios, talleres para niños, hasta eventos culturales, vinculados principalmente a la programación cultural del Centro Abierto, que discurrirían entre el interior y el exterior, como sucede en el Arts Santa Mònica, en el Pavelló Mies van der Rohe o a otra escala en el Pati de les Dones del CCCB. Esta condición lleva a preveer un aforo superior a cien personas que implica una segunda escalera de evacuación. Más allá de un tema normativo, se busca la conexión fluida y evidente con el nuevo Espai Picasso, frente a la alternativa del núcleo vertical como única vía de conexión que, además, complicaría la gestión de accesos al edificio.

Con el fin de garantizar la accesibilidad a todos los niveles con el menor impacto posible, el ascensor, en lugar de ocupar una parte del vacío que protagoniza el espacio, se entiende con como un plenum acrisalado, por donde discurre la cabina programada para retornar a la cota más baja.

Para evitar discontinuidades del programa cultural, los programas comerciales se polarizan en el edificio. Se busca una fluidez de los espacios culturales, para un correcto funcionamiento la Cooperativa Jordi Capell necesita desarrollarse en continuidad. En consecuencia, proponemos que la sección de regalos se desplace a la planta -1. Para lograr mayor visibilidad desde la calle se propone eliminar la escalera que no es original. Además, bajo el altillo, como final del ágora, se dispone una vitrina escaparate en la fachada a la Plaça Nova. Desplazar el bar permite eliminar los olores propios de la actividad que impactan a ciertas horas sobre el visitante y afectan a la atmósfera del edificio.